miércoles, abril 22

22 de abril de 1870, Vladímir llich Uliánov


Lenin: vigencia del pensamiento y la acción revolucionaria

Nacido el 22 de abril de 1870, Vladímir llich Uliánov, conocido mundialmente como Lenin, es uno de los líderes y teóricos revolucionarios más importante de la historia moderna, además de convertirse en una bandera que en la actualidad todavía se sostiene con ideas y enseñanzas políticas que no han perdido su vigencia.

Criado en el seno de una familia típica de la intelectualidad rusa de fines del siglo XIX, era el cuarto de los seis hijos de llia Uliánov y María Alexandrovna Blank.

Lenin tuvo en su hermano mayor, Alexander, un ejemplo de vida, mientras comenzaba la lecturas de libros que, en la Rusia de los Zares, estaban prohibidos.

El 1 de marzo de 1887, un grupo de jóvenes intentó acabar con la vida del zar Alejandro III en un atentado que fracasó y los participantes fueron apresados y luego condenados a muerte.

Entre ellos figuraba Alexander, y al enterarse Lenin de esto empezaría una firme y decidida oposición al zarismo que lo llevaría decir que esta muerte 'había marcado el destino a seguir'.

En 1887, el futuro líder de la revolución rusa inició sus estudios de Derecho en la universidad, uno de los focos de mayor oposición al régimen autocrático, y en ese mismo año fue detenido por participar en una manifestación de protesta contra el Zar.

Luego de ser expulsado de la casa de estudios, Lenin se dedicó a las teorías revolucionarias, estudiando las obras de Karl Marx y Federic Engels, además de leer por por primera vez El Capital. En 1889 obtuvo la autorización para cursar como alumno libre.

Tres años después se graduó con las más altas calificaciones y comenzó a ejercer la abogacía entre artesanos y campesinos pobres.

Conocido entre sus amigos como El Viejo, por su erudición y su calvicie precoz, se inscribió en las listas de instructores de círculos obreros, llamados 'universidades democráticas', donde organizó bibliotecas, programas de estudio y cajas de ayuda con el objetivo de enseñar los métodos de la lucha revolucionaria.

En abril de 1895 viajó al extranjero, para estudiar el movimiento obrero de Occidente, razón por la cual pasó unas semanas en Suiza, visitó Berlín y París, donde tuvo como interlocutores a Karl Liebknecht y Paul Lafargue.

Al regresar fue detenido por la Ochrana, la policía secreta del zar, y desde la cárcel mantuvo contactos con colegas que buscaban formar un partido político, hasta que 1897 fue deportado a la Siberia meridional, cerca de la frontera con China.

En ese destierro, y luego de contraer matrimonio con Nadezda Krupskáia, estudiante adherida al círculo marxista, finalizó su primera obra titulada El desarrollo del capitalismo en Rusia, en la que sostuvo que la Rusia semifeudal avanzaba hacia el capitalismo industrial.

Suiza fue su próximo destino después de pasar casi mil días en Siberia, y en ese país llevó adelante la publicación de un periódico llamado Iskra (La Chispa), que apareció por primera vez el 21 de diciembre de 1900.

Por ese tiempo vio la luz una de sus obras fundamentales, el ¿Qué hacer?, donde explicó la necesidad de organizar un partido de cuadros políticos que se convierta en la vanguardia de la clase obrera, además de abarcar temas como la implementación de la prensa como arma de la revolución.

Este libro desató fuertes polémicas que provocaron profundas divergencias en el 11 Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, donde la ruptura de Lenin con los socialdemócratas produjo que los partidarios del líder revolucionario se denominaran 'bolcheviques'.

En 1905, ante la opresión del régimen zarista, estalla en Rusia una revolución tras el 'domingo sangriento', cuando las tropas monárquicas dispararon sobre manifestantes indefensos, causando más de mil muertos y cinco mil heridos.

Esta situación de presión popular llevó al Zar a hacer algunas concesiones liberales: los bolcheviques podían actuar en la legalidad, razón por la cual Lenin regresó a Rusia proveniente de Suiza, en octubre de ese año, para ponerse al frente de sus partidarios.

El proceso insurreccional no había logrado su objetivo y al no concretarse nuevos levantamientos, sumado los intentos de la policía por detener a los bolcheviques, huyó a Finlandia y luego a Ginebra donde comenzó su segundo exilio hasta 1917.

Junto a su esposa, Lenin se trasladó a París, donde soportaron duras estrecheces económicas que les obligaban a dar clases o a escribir reseñas para ganar algo de dinero, aunque en 1909 se publica su nuevo libro Materialismo y empiriocriticismo.

Lenin abandonó París en junio de 1912 y se instaló en Cracovia, donde era visitado por diputados bolcheviques para informarle sobre la situación interna y pedirle instrucciones.

En marzo de ese año apareció el primer número de Pravda (La Verdad), diario obrero que Lenin dirigía desde el exterior y que gozó de una gran difusión y de influencia entre los trabajadores rusos.

Al estallido de la Primera Guerra Mundial, Lenin denunció la traición de los diputados alemanes y franceses socialdemócratas que votaron a favor del conflicto y calificó el hecho bélico como una 'conflagración burguesa, imperialista y dinástica... una lucha por los mercados y una rapiña de los países extranjeros'.

Convertido en una figura internacional, su doctrina marxista recuperó el sentido transformador y la fuerza revolucionaria, situación reflejada en su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo.

Para 1917 estaba enfrascada en un amplio movimiento revolucionario que ganó las principales ciudades contra el régimen zarista al grito de '¡Viva la libertad y el pueblo!' y se iniciaron los soviets, o consejos de obreros, y regimientos militares se sumaron a las protestas.

En la semana del 8 al 15 de marzo, el Zar caía para ser reemplazado por un gobierno provisional formado por partidos pertenecientes a la burguesía y apoyado por el soviet de Petrogrado, mientras a través de Pravda, Lenin publicaba sus Cartas desde el exilio, con instrucciones para avanzar en la revolución, aniquilando de raíz la vieja maquinaria del Estado.

Ejército, policía y burocracia debían ser sustituidos por 'una organización emanada del conjunto del pueblo armado que comprenda sin excepción todos sus miembros', escribió.

Un mes después de la abdicación del zar, en abril de 1917, el líder revolucionario llegaba a la estación Finlandia de Petrogrado, luego de atravesar Alemania en un vagón blindado proporcionado por el estado mayor alemán.

Recibido en la capital rusa por una multitud entusiasta que le dio la bienvenida como a un héroe, Lenin no se comprometió con el gobierno provisional y, por el contrario, terminó su discurso de la estación con un desafiante '¡Viva la revolución socialista internacional!'.

Sin medias tintas, calificaba de 'imperialista y burgués' a la nueva administración, hecho que le valió el apoyo de las corrientes izquierdistas de la clase obrera y de importantes aliados, como León Trotski.

Aún siendo minoría, el dirigente máximo de los bolcheviques lanzó la consigna 'Todo el poder para los soviets', frente al evidente desinterés de la socialdemocracia representada por los mencheviques y los socialistas revolucionarios.

Con el endurecimiento del gobierno provisional y la orden de captura sobre su espalda, Lenin viaja nuevamente a Finlandia donde estuvo tres meses y escribió El Estado y la revolución.

Con un llamado a 'asestarle el golpe de gracia' a un 'gobierno que se tambalea', los bolcheviques controlaban el soviet de Moscú y el de Petrogrado, y el 2 de octubre volvió a entrar clandestinamente en Rusia.

Cuando el día 7 estalló la insurrección y las masas asaltaron el palacio de Invierno, Trotski escribió después que Lenin se dio cuenta entonces de que la revolución había vencido, y sonriendo le dijo: 'El paso de la clandestinidad, con su eterno vagabundeo, al poder es demasiado brusco, te marea'.

Al día siguiente fue nombrado jefe de gobierno y lanzó su proclama a los ciudadanos rusos, a los obreros, soldados, campesinos, ratificando los grandes objetivos fijados por la revolución: construir el socialismo en el marco de la revolución mundial y superar el atraso de Rusia.

A pesar de la guerra, el hambre, el sabotaje y el enfrentamiento interno entre el Ejército Blanco y el Ejéricto Rojo, comandado por Trotski, la revolución avanzó en la repartición de tierras.

Luego de crear la Tercera Internacional, para finales de 1921, la salud de Lenin se vio gravemente afectada: sufría de insomnios y sus dolores de cabeza eran cada vez más frecuentes, y en abril fue intervenido quirúrgicamente para extraerle las balas que continuaban alojadas en su cuerpo desde un atentado sufrido en 1918.

A las pocas semanas sufrió un serio ataque que, por un tiempo, le impidió el habla y el movimiento de las extremidades derechas, aunque en junio su salud mejoró parcialmente y dirigió la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En diciembre sufrió un segundo ataque de apoplejía que le impidió cualquier posibilidad de influir en la política práctica, pero tuvo la fuerza de dictar varias cartas, entre ellas su llamado 'testamento' en la que expresa su gran temor ante la lucha por el poder entablada entre Trotski y Stalin en el seno del partido.

El 21 de enero de 1924 una hemorragia cerebral acabó con su vida, para después ser embalsamado y depositado en un mausoleo de la plaza Roja.

El historiador marxista Paul Le Blanc, en un artículo publicado en 2008, se preguntó '¿Por qué deberíamos de ocuparnos de él nosotros, que vivimos en un mundo muy diferente?'.

Como respuesta escribió que 'el hecho de que la pobreza, la opresión, la explotación, el imperialismo, la violencia militar y las desigualdades de riqueza y poder siguen siendo un problema en nuestro mundo. Y todas ellas forman parte del capitalismo que Lenin analizó y combatió enérgicamente'.

'No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa', señaló Lenin en algún momento, y esta consigna es una de sus muchas enseñanzas que nunca perderán vigencia.

Gramsci, una perspectiva ineludible




Gramsci, una perspectiva ineludible

Irene Mogliani y Ramiro de Altube
Rebelión


En los cuadernos que escribe en la cárcel, a partir de 1929, Gramsci dedica varios apartados a la temática de los intelectuales; tema que hoy llama nuestra atención. Las líneas vertebrales de estos cuadernos podrían sintetizarse en: la teoría de la hegemonía y la filosofía de la praxis; dimensión filosófica y dimensión política, encontradas por y en su historicidad. [1]

Para poder pensar a los intelectuales, Gramsci plantea la necesidad de un criterio que no se encuentre en sus prácticas intrínsecas; ubica al fenómeno de lo ideológico en el “conjunto del sistema de relaciones en el cual dichas actividades (y, por tanto, los grupos que las personifican) se encuentran en el complejo general de las relaciones sociales” [2] .

Para entender lo que esto supone, nos aproximaremos a las ideas de Gramsci a través de los conceptos de hegemonía e, inevitablemente, los de sociedad civil y sociedad política, para luego poder acercarnos a los intelectuales y su rol en el bloque histórico. Por último, intentaremos comprender la importancia que otorga a lo superestructural en la noción de crisis orgánica.

Tras los pasos de una estrella. Hegemonía

El concepto de hegemonía (gegemoniya) fue retomado como consigna política en los debates del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso) entre 1890 y 1917. Si bien previamente era utilizado para pensar las relaciones de predominio de un Estado sobre otro, en estos debates fue utilizado para plantear las relaciones entre las diferentes clases al interior de un mismo Estado.

En el II Congreso Socialdemócrata en 1903, tanto mencheviques como bolcheviques coincidían en plantear a la hegemonía (primacía, dirigencia) del proletariado en la revolución burguesa. Posteriormente, tal coincidencia se fue diluyendo por las diferencias entre ambos sectores. Después del fracaso de la revolución en Rusia en 1905, Lenin escribe varios artículos reafirmando los postulados a favor de la hegemonía proletaria. En oposición a los mencheviques, sostenía que el proletariado como única clase revolucionaria debía dirigir la lucha de todos los explotados, como aliados, en pos del socialismo; “El proletariado es revolucionario sólo cuando tienen conciencia de esta hegemonía y la realiza”. [3]

Fue de los debates del movimiento socialista, cristalizados en los documentos de la III Internacional, de donde Gramsci retomó la idea de hegemonía como parte de la dictadura del proletariado. En ellos también, aunque de forma breve y aislada, se llegó a utilizar el concepto para pensar el dominio de la burguesía sobre el proletariado, cuando ésta lograba confinarlo a un rol corporativo.

En los escritos de Gramsci, la noción de hegemonía se refiere, en un principio, a la alianza de clases entre grupos explotados, dirigida ético-política y económicamente por el proletariado [4] . Dirigencia que no exceptúa concesiones y compromisos, y de la cual subraya su aspecto cultural: la unidad intelectual y moral, ya no planteada en términos de intereses corporativos, sino “universales”. [5] Tal coalición conforma lo que él denominó nuevo bloque histórico.

Los sostenido que sostiene

El recorrido continúa y la novedad aparece al Gramsci extender la noción de hegemonía de la perspectiva obrera en una revolución burguesa, al análisis de las estructuras del poder burgués en las sociedades capitalistas occidentales (con el fin de repensar el fracaso de la revolución socialista en su país, y las dificultades que se daban en occidente, diferentes respecto a las del caso ruso, en pos de la misma). Lo presenta en una serie de duplas de opuestos, ubicados en el plano superestructural: Dominación-Hegemonía, Fuerza-Consenso, Violencia-Civilización; siendo el primer momento para los sectores enemigos, y el segundo para los afines. En palabras de J. Aricó: “El concepto de hegemonía define las relaciones entre la clase dirigente y el conjunto de las clases aliadas, mientras que el de dictadura hace referencia a las relaciones de enfrentamiento entre estas clases y las reaccionarias que es necesario destruir.” [6]

Avancemos entonces sobre la idea de sociedad civil, para ello retomamos lo que Portelli nos aporta: “Encontramos en los Cuadernos numerosas definiciones de sociedad civil, todas ellas concordantes: allí se entiende generalmente a la sociedad civil como ‘el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados… y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad’. Gramsci la contrapone a la sociedad política (el Estado en el sentido estricto del término) del cual ella constituye su ‘base’ y su ‘contenido ético’)”. [7] Aquellas instituciones privadas son las escuelas, los partidos políticos, los sindicatos, las iglesias, generadoras de consenso. El segundo elemento que comprende la superestructura es el Estado en el sentido estricto son sus aparatos coercitivos (policía, ejército, cárceles, tribunales, legislación…) que ejercen la de dominación.

A lo largo de sus escritos, las relaciones y caracterizaciones de la dupla superestructural no permanecen inalteradas, al contrario. Diversas son las aplicaciones que hace del concepto de hegemonía en sus cuadernos, y por ende de las relaciones entre la sociedad civil y la sociedad política; P. Anderson nos permite contemplar tales variaciones y acercarnos a una síntesis, que él propone coherente, y nosotros retomamos como válida:

l En una primera disposición, la hegemonía (radicada en la sociedad civil) prevalece sobre la coerción (Estado); considerando entonces, como forma fundamental del poder burgués en el capitalismo occidental, la subordinación cultural de las clases subalternas a las dirigentes [8] . El sistema persistiría, no por coerción, sino por consenso.

Pero, el lugar ocupado por el Estado parlamentario occidental en sí, como eje de los aparatos ideológicos capitalistas, desmiente esta primera solución. La sociedad política también brinda elementos para el consenso; pues él mismo alimenta “la creencia en la igualdad democrática de todos los ciudadanos en el gobierno de una nación, o dicho de otra manera, incredulidad en la existencia de una clase dirigente” [9] .

l En una segunda configuración, la relación entre sociedad política y sociedad civil es equilibrada: la hegemonía se distribuye entre ambos y la sociedad civil combina coerción y consenso. Si bien Gramsci amplía el ámbito de la hegemonía al Estado (prestando atención a sus funciones ideológicas a través del sistema educativo y penal), también agrega al ejercicio de la hegemonía por parte de la sociedad civil el uso de la fuerza.

Al ampliarse las categorías, la peculiaridad de la hegemonía se desdibuja puesto que ahora aúna fuerza y consenso. “Existe siempre una asimetría estructural en la distribución de las funciones consensúales y coercitivas de este poder. La ideología es compartida por la sociedad civil y el Estado pero la violencia pertenece sólo al Estado.” [10] “El resultado es una falta de distinción estructural entre ley y costumbre, reglas jurídicas y normas convencionales, que dificulta cualquier demarcación precisa de las respectivas provincias de la sociedad civil o el Estado en una formación social capitalista.” [11]

l En la tercera versión, el Estado incluye tanto a la sociedad política como a la sociedad civil; pues ambas se identifican en la realidad. Tal aplicación pierde la distinción entre Estado y sociedad civil, como así también la especificidad de la democracia burguesa occidental. Ésta radica en el grado de autonomía en que se sostienen dichas instituciones, que oculta su real pertenencia al poder capitalista. [12]

Tras la identificación de estos tres movimientos en las categorizaciones gramscianas, P. Anderson sostiene que la distribución clave “es una asimetría entre la sociedad civil y el Estado en Occidente: la coerción se ubica solamente en uno de los términos y el consenso en ambos”. “…la estructura normal del poder político capitalista en los estados democrático-burgueses está en efecto, simultánea e indivisiblemente dominada por la cultura y determinada por la coerción.” [13] El dominio de la cultura es constituyente del poder burgués. Éste, apoyado sobre todo en el consenso de las masas en su propia explotación y en su creencia en el autogobierno a través de un Estado democrático representativo (Estado que no reprimiría a las masas, sino que las integraría). En ese plano, las divisiones de clase, de origen económico, quedan relegadas en pos de una igualdad y libertad jurídicas, de índole políticas. De todas formas, las condiciones para tal hegemonía las da, silenciosamente, el monopolio de la violencia legítima en el Estado. “Privado de él, el sistema de control cultural se volvería frágil al instante puesto que desaparecerían los límites de las posibles acciones en su contra” [14] .

Una esencia común: la totalidad

La supremacía de un grupo social se manifiesta, así, en la dominación y en la dirección que ejerce sobre el conjunto de la sociedad. El análisis de la superestructura no se termina en la conceptualización de sus partes, sino que requiere reconsiderar su vínculo con lo estructural. [15] Para pensar la integración de ambos planos Gramsci utiliza el concepto de bloque histórico; término, retomado de Sorel, que conserva la noción de totalidad. “La hegemonía tiende a construir un bloque histórico, o sea, a realizar una unidad de fuerzas sociales y políticas diferentes y tiende a mantenerlo unido a través de la concepción del mundo que ella ha trazado y difundido” [16] . Es el encuentro de la estructura y la superestructura, su orientación común.

Para poder significar esta relación de totalidad que implica el bloque histórico, retomemos la proposición de unidad entre filosofía e historia que plantea Gramsci en sus críticas a Benedetto Croce.

“La proposición de Croce sobre la identidad de historia y filosofía es la más rica de consecuencias críticas: 1) está mutilada si no lleva a la identidad de historia y de política (y deberá entenderse por política la que se realiza y no sólo las diversas y repetidas tentativas de realización, algunas de las cuales, tomadas en sí, fracasan); 2) y también a la identidad de política y filosofía. Pero si es necesario admitir esta identidad, ¿cómo es posible distinguir las ideologías (iguales, según Croce, a instrumentos de acción política) de la filosofía? Es decir, que la distinción será posible pero sólo por grados (cuantitativamente) y no cualitativamente. Las ideologías, por lo tanto, serán la ‘verdadera’ filosofía porque son las ‘vulgarizaciones’ que llevan a las masas a la acción concreta, a la transformación de la realidad. Serán, por consiguiente, el aspecto de masa de toda concepción del mundo, que en el ‘filósofo’ adquiere carácter de universalidad abstracta, fuera del tiempo y del espacio; caracteres peculiares de origen literario y antihistórico.” [17]

Antonio afirma la “historicidad de las filosofías” y la búsqueda de una “explicación realista de todas las concepciones subjetivistas de la realidad.”. “La teoría de la superestructura no es más que la solución histórica y filosófica del idealismo subjetivo”. [18] Es a partir de la filosofía de la praxis que se dilucidan las relaciones entre y desde la superestructura a la base estructural, dadas en el proceso real, negadas por la filosofía idealista. Lo superestructural es por su relación con la estructura (distinto, pero no diferente), y por ello mismo, no constituye meras apariencias o falsificaciones, sino una realidad objetiva, activa y operante. Es desde donde se toma conciencia de las relaciones sociales (de clase), desde donde se definen sus objetivos, desde donde se piensa el pasado y se construye la Historia.

Esta íntima relación condicionante entre lo superestructural y lo estructural, es dilucidada por la filosofía de la praxis, que le devuelve a lo ideológico y lo político su carácter de concreto-histórico, y por ende, parte del bloque histórico. [19]

Los que llevan y traen… concepciones de la realidad

Si pensamos a la estructura social, en una situación histórica determinada, en ella se incluirían las relaciones entre las clases, dependientes de las relaciones de las fuerzas productivas, y respecto a la superestructura, en ella las relaciones políticas e ideológicas (sociedad política – sociedad civil). Según Gramsci, la vinculación entre ambas sería realizada desde el nivel superestructural por los intelectuales.

La caracterización que Gramsci hace de los intelectuales orgánicos [20] , tiene que ver con la convicción de que cada clase crea consigo y desarrolla en respectivas especialidades parciales y funcionales a su actividad primitiva y a su ideología, “una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y político” [21] . Por ello: “Sólo las ideologías ‘orgánicas’, vale decir ligadas a una clase fundamental, son esenciales. Limitada en una primera instancia al nivel económico de esa clase, con el desarrollo de la hegemonía, la ideología se extiende a todas las actividades del grupo dirigente. (…) En apariencia independientes, las distintas ramas de la ideología no son más que los diferentes aspectos de un mismo todo: la concepción del mundo de la clase fundamental.” [22]

Gramsci reinscribe a los intelectuales de manera inseparable del conjunto de las relaciones sociales; lo intelectual, lo ideológico, no sería relativo sencillamente a una actividad social específica. [23]

La centralidad y amplitud del concepto de ideología que Gramsci utiliza, en tanto “verdaderas filosofías”, permite ésta reinscripción y muestra la importancia de los intelectuales en la sociedad. Ésta, se manifiesta en el conjunto de la vida colectiva y de los individuos. Cada hombre, más allá de la función social específica (y de dónde recaiga en mayor cuantía el esfuerzo de las actividades que realice) participa de una concepción del mundo a través de su intelectualidad. [24]

La sociedad está atravesada por la diversidad de ámbitos de acción en que participan, en diversos grados, especialistas de lo intelectual, que elaboran, vehiculizan y realizan la “visión del mundo” dominante. Podemos distinguir ciertas organizaciones que ellos conforman según si incorporan parcialmente a su actividad general cuestiones ideológicas, o si su función principal es la de difundir la ideología. Entre las primeras podemos incluir a aquellas que componen a la sociedad política (en las que actúan policías, políticos, jueces, abogados, militares…). Entre las organizaciones culturales propiamente dichas están: las instituciones educativas, las Iglesias, los medios de comunicación, museos, sindicatos (…), propias de la sociedad civil.

Tendiendo a organizar y dirigir a los grupos sociales en conformidad con las relaciones socio-económicas, dando coherencia y homogeneidad a la clase regente, los intelectuales son los “funcionarios de la superestructura”.

“Cada una de estas funciones -hegemónica, coercitiva, económica- contribuye a la unidad de la clase fundamental y a su hegemonía en el seno del bloque histórico. Comparando la situación de la clase hegemónica con la de las clases subalternas, Gramsci muestra cómo una clase adquiere realmente su homogeneidad sólo después de la creación de una capa de intelectuales que ejercen la hegemonía y la coerción.” [25]

Pérdida de sentido



Ahora veamos a través del concepto de crisis orgánica la posibilidad de gestación de un nuevo bloque histórico.

La crisis revolucionaria, para Gramsci (y a diferencia de Marx que la sitúa en las relaciones socio-económicas) aparece como crisis de la hegemonía. Gracias al concepto de bloque histórico, el pensar la crisis revolucionaria como hegemónica abarca al total de las relaciones sociales.

Para que un bloque histórico desaparezca, la crisis estructural debe devenir en crisis de hegemonía; esto es lo que caracteriza a una crisis orgánica. “En la medida en que la clase dirigente deja de cumplir su función económica y cultural, afirma Gramsci, es decir, cuando cesa de empujar ‘realmente a la sociedad entera hacia delante, satisfaciendo no sólo sus exigencias existenciales, sino también la tendencia a la ampliación de sus cuadros para la toma de posesión de nuevas esferas de la actividad económico-productiva’, el bloque ideológico que le da cohesión y hegemonía tiende a disgregarse.” [26] Las clases dirigentes pierden la dirección ideológica sobre las clases subordinadas, que llegan a cuestionar no sólo su quehacer político sino a toda la sociedad civil. Para mantenerse como tal, la clase dominante apela a la sociedad política y fortalece su posición coactivamente.

La crisis [27] y “la toma de consciencia de las masas”, no implica necesariamente una consciencia revolucionaria: “Estos movimientos espontáneos son inorgánicos porque los estratos sociales pasan bruscamente del estadio económico-corporativo al estadio político sin la intermediación de los intelectuales” [28] ; pero esta intermediación es necesaria. Acompañando a la ruptura con la clase dirigente, debe haber un “proyecto alternativo”, un sistema hegemónico opuesto al regente, organizado por la clase subalterna fundamental. Pero además para que, tras la crisis, surja un nuevo sistema hegemónico, es preciso que las clases subalternas puedan organizarse en pos de una dirección política e ideológica propia.

La crisis orgánica, al ser una crisis de hegemonía afecta a la sociedad civil; los aparatos de poder de la sociedad política permanecen en manos de la clase dominante. Pero el elemento clave es que si no existe un proyecto antagónico lo más probable es que la situación y los movimientos que se han generado sean reabsorbidos y reordenados. En este sentido, bajo la fachada (real) del “desorden” y el “cuestionamiento social” la posición de la clase dominante continúa siendo muy favorable, y puede optar por varias estrategias para darle fin a la situación crítica: desde la recomposición de la sociedad civil, a la plena utilización de la sociedad política, e incluso una solución “cesarista” o bonapartista.

Creando intelectuales propios (y excluyendo a los orgánicos subalternos de las clases dominantes), las clases subalternas deben organizarse. Su toma de consciencia y la organización de su propio sistema hegemónico, o visión del mundo, permite buscar el consenso y alianza de la clase fundamental con las demás clases subalternas. A partir de allí, podrá tender a conformar un nuevo bloque histórico económico, político e ideológico, que sólo será una vez que estén a su cargo el sistema hegemónico y el Estado.

“Un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la conquista del poder); luego, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga firmemente en las manos, se hace dominante, pero tiene que seguir siendo también ‘dirigente’.” [29]



Conclusión e ideas finales

Este pequeño ensayo forma parte de nuestro espacio de formación. Desde hace casi dos años comenzamos una trayectoria colectiva en la que surgió entre otras cosas la pregunta por el rol de los historiadores (intelectuales), su función social, su ética, su relación con la política, etc. Para todo ello comenzamos a trabajar con los escritos de Gramsci y de otros autores vinculados en especial a lo que puede pensarse como “marxismo heterodoxo”. El acercamiento a Gramsci en particular no sólo dilucidó nuestras preguntas referidas al problema de los intelectuales, sino que complejizó nuestra perspectiva y generó nuevos interrogantes. Nos hizo por ejemplo debatir más profundamente el problema del “Estado”, las diferentes formas de interpretarlo, el problemas de las relaciones entre las clases (“alianzas”), las fuerzas sociales, y aún más el cómo pensar la cuestión de lo que se denomina “superestructural”. Se trata de diversos asuntos que, en tanto futuros “historiadores”, nos resultan fundamentales. Consideramos las reflexiones en torno a Gramsci como un momento de nuestras definiciones metodológicas, conceptuales y políticas.

Presentaremos finalmente algunas reflexiones y aperturas. Al considerar a las actividades de reproducción del mundo físico y social, como a las de pensamiento y crítica de las mismas, articuladas en el conjunto de la sociedad y en cada hombre, digamos:

- que las funciones sociales están subsumidas a las determinaciones de las relaciones sociales de producción. Descartando así, clasificaciones e incluso jerarquizaciones meramente a partir de ellas, y buscando en las relaciones de producción el punto de partida tanto de su necesidad, como de sus características y existencia.

- que la intelectualidad sea constituyente en cada hombre, explica el asidero de los mecanismos de dominación planteados en torno al concepto de hegemonía. Por ende, posiciona a las visiones del mundo como un espacio de tensión y lucha entre las clases sociales. Lo que hace que, no sólo la crítica al modelo hegemónico vigente, sino también la búsqueda, en tanto construcción, de un modelo diferente, sea necesario para un proyecto político de transformación de las relaciones sociales de producción.

- que la supuesta autonomía o independencia que supone la profesionalización o especialización de los intelectuales, da cabida al planteo de un conocimiento a-político, un conocimiento objetivo, que mantiene el postulado de la filosofía idealista. La historicidad de la producción de conocimiento nos permite vincular sus diferentes instancias a las relaciones de clase en que están inmersas. La situación de “exterioridad” en que se ubican las instituciones de formación e investigación de las ciencias sociales se condice con que sus objetivos se encaminan en pos de una carrera profesional o “especialización” con el fin de lograr hipótesis cada vez más refinadas para comprender la realidad. De nuevo, el conocer se restringe al observar, al pensar, e incluso, a un saber técnico sobre cómo hacer (escribir, narrar) historia.

- que, teniendo en cuenta la ampliación del concepto de “lo intelectual” de Gramsci, ésta no puede ser pensada como un ámbito específico en el que participan ciertos grupos, ciertas instituciones y es caracterizado por ciertas prácticas. El conjunto de la sociedad participa de la intelectualidad (si bien la minoría en tanto productores y difusores). Y esto se expresa continuamente en la forma en que los individuos creen organizar sus propias. En ese “creer”, en esa “explicación” de la relación con los demás en la sociedad está presente lo ideológico y lo cultural; en cuyos momentos más destacados están la libertad de elección de gobernantes a través del voto, la libertad de elección de los objetos de consumo, la libertad de elección de las ocupaciones/profesiones, la libertad de elegir ser quien se es.

En el ámbito del consenso, donde la mano se dice magnánima, el jactarse como antagónica a la temible mano de hierro, no logra ocultar en su juego el ser su contraparte. Manos que se nombran y definen por oposición, en una escala que va desde el aterciopelado blanco al atemorizante negro, queriéndose olvidar de lo innombrable, aquella que se dice invisible.

Ciertas voces al nombrar, descubren, revelan, rebelan, hacen… nombran, descubren, revelan, rebelan, hacen...



BIBLIOGRAFÍA

· Antonio Gramsci; Antología; Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.

· Antonio Gramsci; El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce; Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1972

· Antonio Gramsci; Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno; edición digital, s/d.

· Hugues Portelli; Gramsci y el bloque histórico; Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.

· José Aricó; “Prólogo” a Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno; Córdoba, 1962.

· Perry Anderson; “Las antinomias de Antonio Gramsci” en Cuadernos del Sur Nº 6 y Nº7; Editorial Tierra del Fuego; Buenos Aires, 1987-88.

· Luciano Gruppi; El concepto de Hegemonía en Gramsci, Ediciones de Cultura Popular, México, 1978. (Versión digital).

· Juan Carlos Portantiero; Los usos de Gramsci; Editorial Siglo XXI, México, 1977.

· Néstor Kohan; “Gramsci y Marx. Hegemonía y poder en la teoría marxista”; Cátedra Libre Antonio Gramsci; UBA.

[1] “…la parte de ellos que puede llamarse histórica es a menudo mínima y está sumergida por un complejo de abstracciones de origen puramente racionalizador y abstracto. Puede decirse que el valor histórico de una filosofía es “calculable” a partir de la eficacia “práctica” que ha conquistado (…). Si es verdad que toda filosofía es expresión de una sociedad, tendría que reaccionar sobre la sociedad, determinar ciertos efectos positivos y negativos; la medida en la cual reacciona es precisamente la medida de su alcance histórico, de no ser “elucubración” individual, sino “hecho histórico”. Gramsci, Antonio, Antología, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.

[2] Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág. 391.

[3] Lenin, citado en Anderson, Perry, “Las antinomias de Gramsci”, Cuadernos del Sur, Nº 6, Buenos Aires, 1987, pág. 75. “Si no lograba conducir a las masas fatigadas a todos los campos de la actividad social, restringiéndose a sus propios objetivos económicos particularistas, caería en el corporativismo” Anderson, Perry, Op. Cit., pág. 76.

[4] “Los comunistas torineses se habían planteado concretamente la cuestión de la “hegemonía del proletariado”, o sea, de la base social de la dictadura proletaria y del Estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, lo cual quiere decir en Italia, dadas las reales relaciones de clase existentes en Italia, en la medida en que consigue obtener el consenso de las amplias masas campesinas.” Cuest Med. Ant. 192

[5] “estaba determinando de nuevo la oposición tradicional entre “dictadura del proletariado” (sobre la burguesía) y “hegemonía del proletariado” (sobre el campesinado) tan arduamente recordada por Trotsky”. Anderson, Perry, Op. Cit., pág. 78.

[6] Aricó, José, “Prólogo a Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado Moderno”, Córdoba, 1962.

[7] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1973, Pág. 17. la cita es de Gramsci de Los Intelectuales.

[8] Adoctrinamiento que se sostendría sobre el aparato cultural (los medios de comunicación por ejemplo) como sobre el aparato económico (por ejemplo el fetichismo de la mercancía).

[9] Anderson, Perry, Op. Cit., pág. 89.

[10] Ídem, pág. 91.

[11] Ídem, pág. 93.

[12] Esta extensión de la idea de Estado está relacionada con las influencias de B. Croce en Gramsci. “Las fronteras del Estado no son objeto de indiferencia para la teoría marxista o la práctica revolucionaria. Es esencial poder trazarlas con precisión. Confundirlas es de hecho comprender mal el papel y la eficacia específicas de las superestructuras fuera del Estado en el seno de la democracia burguesa.” Ídem, pág. 96.

[13] Ídem, pág. 99 y 101.

[14] Anderson, Perry, Op. Cit., pág. 101. Planteo que completa la perspectiva de W. Benjamin en “Para una crítica de la violencia”. En este libro, Benjamin sostiene que la violencia es constitutiva y constituyente de cualquier Estado: el Derecho se sostiene por el monopolio estatal de la fuerza que él mismo sanciona; violencia, que un momento anterior, posibilitó su propia gesta.

[15] Respecto a la separación entre estructura y superestructura que utilizamos, cabe decir, que si es pensada como sinónimo de separación entre lo objetivo y lo subjetivo, y de lo económico de lo político e ideológico como compartimentos estancos, no consideramos que sea útil. Si la mantenemos como esquema en el trabajo es porque los autores que tuvimos en cuenta las utilizan, y por ello hacemos explícito que los vínculos entre una y otra son de determinación parcial y mutua. “La política es de hecho en cada caso reflejo de las tendencias de desarrollo de la estructura, pero no está dicho que esas tendencias vayan a realizarse necesariamente. (…) El materialismo histórico mecánico no considera la posibilidad de error, sino que entiende todo acto político como determinado por la estructura de un modo inmediato, o sea, como reflejo de una modificación real y permanente de la estructura”. Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág. 277. Aclaremos además que P. Anderson utiliza, al nombrar a la sociedad política y a la sociedad civil, el término de componentes superestructurales. H. Portelli habla de la superestructura del bloque histórico cuando se refiere a éstas.

[16] Gruppi, Luciano, El concepto de Hegemonía en Gramsci, Ediciones de Cultura Popular, México, 1978. (Versión digital).

[17] Gramsci, Antonio, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1972, en el apartado: “Identidad de historia y de filosofía”.

[18] Ídem, en el apartado: “Religión filosofía y política”.

[19] “Hay, sin embargo, una diferencia fundamental entre la filosofía de la praxis y las otras filosofías: las otras ideologías son creaciones inorgánicas en tanto que contradictorias, porque están dirigidas a conciliar intereses opuestos y contradictorios; su ‘historicidad’ será breve porque la contradicción aflora después de cada acontecimiento del que han sido instrumento. La filosofía de la praxis, en cambio, no trata de resolver pacíficamente las contradicciones existentes en la historia y la sociedad; antes bien, es la teoría de tales contradicciones” en cuanto no tiende a esconder o encubrir la realidad. Ídem, en el apartado: “La doctrina de las ideologías políticas”.

[20] Éstos se diferencian de los tradicionales, que son aquellas categorías intelectuales relacionadas con la estructura económica anterior a la vigente; como por ejemplo los eclesiásticos. Para no perder de vista la incidencia de funciones intelectuales por fuera de las ideológicas en el orden feudal, agregamos el ejemplo de la capacidad técnica militar que era detentada por los señores feudales. Esto nos permite recordar que además de las funciones de generación de consenso, los intelectuales también participan activamente en los espacios coercitivos o de dominación.

[21] Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág. 388. El “primer grado de especialización no sobrepasa el nivel económico. (…) Pero una clase fundamental no se limita a este nivel: en la medida en que esta clase aspire a la dirección de la sociedad, la principal función de sus intelectuales será el ejercicio de la hegemonía y de la dominación…” Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Op. Cit., pág. 98.

[22] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Op. Cit., pág. 18

[23] Ubica al pensamiento humano fuera de un plano ideal y autónomo, en contraposición con la perspectiva de la filosofía idealista. La base para pensar a los intelectuales como un sector independiente se sustenta en caracterizarlo a partir de sus actividades específicas; en este caso, las prácticas para la producción de conocimiento. Para Gramsci el criterio debe ser el lugar que ocupan en las relaciones sociales generales; “y en verdad el obrero o proletario, por ejemplo, no se caracteriza específicamente por el trabajo manual o instrumental, sino por la situación de ese trabajo en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales”. “…no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene su propia capa de intelectuales o tiende a formársela; pero los intelectuales de la clase históricamente (y realistamente) progresiva, en las condiciones dadas, ejercen una tal atracción que acaban por someter, en último análisis, como subordinados, a los intelectuales de los demás grupos sociales…” Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág. 487

[24] El diferente grado de esfuerzo muscular y mental hace que se den “…varios grados de actividad intelectual específica. No hay actividad humana de la que se pueda excluirse toda intervención intelectual: no se puede separar al homo faber del homo sapiens. Al cabo, todo hombre, fuera de su profesión, despliega alguna actividad intelectual, es un ‘filósofo’, un artista, un hombre de buen gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una línea conciente de conducta moral y contribuye, por tanto, a sostener o a modificar una concepción del mundo, o sea, a suscitar nuevos modos de pensar.” Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., página 391-2.

[25] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Op. Cit., págs. 98-99

[26] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Op. Cit., pág. 121. La cita completa de Gramsci es: “Aquí se aprecia la solidez metodológica de un criterio de investigación histórico-política: no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene su propia capa de intelectuales o tiende a formársela; pero los intelectuales de la clase históricamente (y realistamente) progresiva, en las condiciones dadas, ejercen una tal atracción que acaban por someter, en último análisis, como subordinados, a los intelectuales de los demás grupos sociales y, por tanto, llegan a crear un sistema de solidaridad entre todos los intelectuales, con vínculos de orden sociológico (vanidad, etc.) y a menudo de casta (técnico-jurídicos, corporativos, etc.). Este hecho ocurre "espontáneamente" en los períodos históricos en los cuales el grupo social dado es realmente progresivo, o sea, empuja realmente la sociedad entera hacia adelante, satisfaciendo no sólo sus exigencias existenciales, sino también la tendencia a la ampliación de sus cuadros para la toma de posesión de nuevas esferas de la actividad económico-productiva. Apenas el grupo social dominante ha agotado su función, el bloque ideológico tiende a desintegrarse, y entonces la "espontaneidad" puede ser sustituida por la "coacción", en formas cada vez menos disimuladas e indirectas, hasta llegar a las medidas de policía propiamente dichas y a los golpes de Estado.” Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág. 487-488.

[27] Gramsci da dos ejemplos de crisis orgánica: la primera se refiere a situaciones en las cuales la clase dirigente fracasa en alguna “gran empresa política” (por ejemplo una guerra), la segunda está marcada por el paso a la actividad política de grandes grupos de las clases subalternas (particularmente campesinos y pequeño-burgueses intelectuales).

[28] Portelli, Hugues, Gramsci y el bloque histórico, Op. Cit., pág. 126

[29] Gramsci, Antonio, Antología, Op. Cit., pág 486

Los autores de este texto son Integrantes del GEH (Grupo de Estudiantes de Historia) de Rosario.

martes, abril 21

GREGORIO KLIMOVSKY, SU VIDA, SU APORTE AL SABER, LA CULTURA Y LOS DERECHOS HUMANOS




SOCIEDAD › GREGORIO KLIMOVSKY, SU VIDA, SU APORTE AL SABER, LA CULTURA Y LOS DERECHOS HUMANOS
El hombre que fue sinónimo de ciencia

Fue el iniciador de la filosofía de la ciencia y la epistemología en la Argentina. Fue autodidacta. Y una de las figuras emblemáticas de la época de oro de la universidad y del despegue científico argentino. Su muerte, los recuerdos, los homenajes.



Por Leonardo Moledo

La figura de Gregorio Klimovsky trasciende casi cualquier cosa: al fin y al cabo fue el iniciador de la filosofía de la ciencia y la epistemología en la Argentina; autodidacta, fue parte de la época de oro de la universidad y del despegue científico argentino. Pero desde el golpe de Onganía lo echaron nueve veces de la universidad. Fue miembro de la Conadep, decano de Exactas, fue la máxima eminencia en lógica matemática y filosofía de la ciencia del país y, hasta el final, siguió publicando trabajos de asombrosa actualidad.

Su muerte, ayer, a los 86 años, representa no una pérdida para la ciencia, o no sólo una pérdida para la ciencia, sino para el pensamiento: porque al fin y al cabo, Klimovsky era eso: pensamiento en acción, pensamiento abstracto que se concretaba en las difíciles aguas de la docencia, la matemática, la lógica y la ética.

Y es así: cuando se escriba la historia de la ciencia argentina, desde los ’50 en adelante, el eje estará en los avatares de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA: al fin y al cabo, allí es donde se enseñan las disciplinas de avanzada (matemáticas, física) que estuvieron en la línea de frontera en el siglo XX, hasta que la biología molecular y la nanoquímica (que también sientan allí sus reales) les disputaron el cetro. Después del golpe del ’55, se derrumbó la universidad peronista y empezó lo que se conoce como “época de oro”, liderada por la Facultad de Ciencias Exactas, que se colocó en la vanguardia, adoptando y reflejando las corrientes de pensamiento científico en el mundo, implementando la idea del profesor-investigador, comprando la primera computadora científica del país. Fue la época en que el decano era Rolando García, meteorólogo y epistemólogo piagetiano; el vicedecano era Manuel Sadosky (que introdujo la computación, que no era entonces ni la sombra de lo que es hoy) en el país; Oscar Varsavsky desarrollaba la matemática aplicada; José Giambiaggi elaboraba teorías sobre las partículas subatómicas; Cora Ratto y Enzo Gentile introducían la teoría de conjuntos y el álgebra moderna y Gregorio Klimovsky, la lógica matemática y las últimas corrientes epistemológicas, sin olvidar Eudeba, donde Boris Spivacow y Myriam Polak lanzaban miles de libros baratísimos y de suprema calidad.

Cuando Onganía, un militar inculto y de pocas luces, derrocó al gobierno constitucional de Illia, intervino las universidades y se ensañó particularmente con Exactas (fue la Noche de los Bastones Largos), que se vació con la renuncia y partida hacia el exilio de sus más brillantes profesores. El pensamiento argentino se refugió en las catacumbas.

El golpe fue terrible, y duró. Sacando el breve interregno democrático de 1973-74, la UBA soportó primero la intervención fascista de Alberto Ottalagano, que permitió que circularan por la facultad grupos armados, y más tarde la de los años de plomo. Recién empezó a renacer en el ’83 y lentamente se encamina a una nueva cúspide.

Y Gregorio Klimovsky, matemático (discípulo del gran Rey Pastor), lógico, filósofo, pensador... –¿cómo calificar a la máxima autoridad en epistemología en la Argentina?–, fue testigo, protagonista, coprotagonista y víctima también de todos esos avatares. Y de los del país: integrante casi desde el principio de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, integrante de la Conadep, decano de esa misma facultad de la que lo echaron tantas veces... y que finalmente le otorgó en 2006 el Doctorado Honoris Causa.

martes, abril 7

Entrevista a Noam Chomsky: "Necesitamos nacionalizar y avanzar hacia la democratización"

Entrevista a Noam Chomsky: "Necesitamos nacionalizar y avanzar hacia la democratización"
Ofrecemos la traducción al castellano de la transcripción de una entrevista de “Real News”, realizada por Paul Jay, a Noam Chomsky. La transcripción original es inédita. Puede ser modificada aún. La cadena de Noticias “Real News” no se hace responsable por los errores que puedan encontrarse.
Paul Jay (Real News)


Martes 7 de abril de 2009

Paul Jay: Bienvenido a The Real News Estamos en el MIT, Cambridge, con el Profesor Noam Chomsky, quien creo no necesita introducción. Gracias por acompañarnos.

Chomsky: Encantado de estar con vosotros.

Jay: Algunos días atrás, la administración Obama y Geithner anunciaron su plan para la banca. ¿Qué opinas al respecto?

Chomsky: Bueno, en realidad existen varios planes. Uno es la capitalización. El otro, el más reciente, busca rescatar los activos tóxicos mediante una coalición mixta, entre el sector público y el privado. Y éste disparó el mercado de valores al alza. La razón es evidente: resulta extremadamente beneficioso para los banqueros y los inversores. Esto significa que un inversor podría, si quisiera, comprar estos activos de poco valor. Y si éstos aumentan su valor, obtiene ganancias; mientras que si caen aun más, el gobierno asegura el valor. Por lo tanto, podría existir una ligera pérdida, pero también podría haber grandes ganancias. Y esto es –como señaló un administrador financiero en el Financial Times esta mañana- un “escenario de ganancias”.

Jay: Un escenario de ganancias para el inversor.

Chomsky: Sí.

Jay: Si tú eres el inversor.

Chomsky: Para el sector público es un escenario de pérdida. Pero ellos están simplemente reciclando, en gran parte, las medidas de Bush y Paulson; se las ha retocado un poco, pero esencialmente mantienen la misma idea: conservar la misma estructura institucional, obviar la gravedad del problema el mayor tiempo posible, sobornar a bancos e inversores para que ayuden, pero evitar las medidas que puedan ir al centro neurálgico del problema –es decir evitar el costo, si es que puede considerarse un costo, de cambiar la estructura institucional-.

Jay: ¿Y cuál es el plan que apoyarías?

Chomsky: Bueno, digamos por ejemplo, tomar adecuadamente las bonificaciones de AIG [“bonuses”, se refiere a pagas adicionales que reciben los ejecutivos en forma de incentivos a su desempeño, N. de la T.], que son los que están causando semejante desastre. Dean Baker manifestó que había una forma adecuada y simple de abordar el problema. Desde que el gobierno prácticamente es propietario de AIG (sólo que no usa su poder para tomar decisiones), dividiera la sección de AIG que causó todos los problemas –la sección de inversiones financieras-, y la deje ir a la bancarrota. Y después los ejecutivos podrán ir a cobrar sus bonificaciones a la empresa quebrada, si quieren. Esto aumentaría mucho el interés de los afectados en el problema de la quiebra, y el gobierno podría mantener su control efectivo a gran escala, si quisiera ejercerlo, sobre lo que es aún viable en AIG. Y con los bancos, los grandes bancos como el Bank of America, uno de los principales problemas es que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que sucede en su interior. Existen prácticas y manipulaciones muy oscuras y ellos no van revelarlas tan fácilmente al gobierno. ¿Por qué deberían hacerlo? No es su problema. De hecho, cuando la Associated Press envió a periodistas a entrevistar a los administradores bancarios y a los gestores de inversiones, preguntándoles qué habían hecho con el dinero del TARP [Troubled Assets Relief Program: plan de rescate financiero realizado por la Administración Bush para reducirles riesgos a los tenedores de activos con problemas, N. de la T.], ellos se limitaron a reír. Dijeron “No es de su interés. Somos empresas privadas. La tarea del sector público es financiarnos, no saber lo que estamos haciendo”. Pero el gobierno podría averiguarlo –a saber, haciéndose cargo del control de los bancos-.

Jay: ¿Es por este tipo de maquinaciones políticas por lo que quieren evitar la nacionalización?

Chomsky: No tienes que usar la palabra ‘nacionalización’ si le molesta a la gente; pero debe haber alguna forma de concurso de acreedores, que pueda al menos permitir a investigadores independientes, investigadores gubernamentales, estudiar los libros de cuentas, averiguar qué es lo que están haciendo, quién debe qué a quién, lo cual constituye el punto de partida para cualquier tipo de modificación. Se podría ir mucho más allá, pero no está contemplado. No es una ley natural que las corporaciones tengan que dedicarse solamente a obtener beneficios para sus accionistas. Ni siquiera es lo que señala la ley. Esto es principalmente el resultado de decisiones judiciales y códigos administrativos, entre otros. Sin embargo, es perfectamente concebible que las corporaciones sean responsables con sus accionistas, la comunidad y los trabajadores.

Jay: Especialmente cuando es dinero público el que está moviendo el sistema.

Chomsky: Casi siempre es dinero público. Toma por ejemplo el caso del hombre más rico del mundo, Bill Gates. ¿Cómo llegó a tener la mayor fortuna mundial? Bueno, gran parte de ello se lo debe al dinero público. De hecho, a lugares como en el que estamos ahora sentados…

Jay: El MIT.

Chomsky: -que es donde los ordenadores han sido desarrollados, internet ha sido desarrollado, y los programas informáticos más modernos, aquí y en sitios similares- casi en su totalidad son sostenidos con fondos públicos. Y luego, por supuesto, el sistema funciona de una forma que podría sintetizarse, aunque algo exageradamente, diciendo que el sector público paga los costos y asume los riesgos, y el beneficio es privatizado.

Jay: Que es lo que estamos viendo ahora con el rescate financiero.

Chomsky: Bueno, hay mucho que decir al respecto porque se trata de las instituciones financieras y es muy evidente, pero esto sucede también en otros ámbitos. Como dije, ordenadores e internet, las bases para la revolución de las tecnologías de la información de finales de los 90.

Jay: Entonces cuando dices “desafiar la estructura institucional”, ¿qué es lo que quisieras que suceda?

Chomsky: Para comenzar, pienso que las corporaciones, los bancos, y demás instituciones de esa clase deberían ser responsables frente a todos los interesados, no sólo frente a los accionistas. Esto no es un cambio enorme. De hecho, es parte de la jurisprudencia de la corte. Hubo un caso muy importante, enormemente relevante ahora. Hace alrededor de 30 años, las principales compañías del acero quisieron destruir las plantas de acero de Youngstown –el centro de las comunidades de allí fue construido en torno a ellas- y buscaron moverlas o deshacerse de ellas. Y los trabajadores y la comunidad en general querían conservarlas y pensaron que podrían hacerlas funcionar por su cuenta. De hecho, llevaron el caso a la justicia, argumentando que las reglas administrativas deberían ser modificadas, para que todas las partes interesadas en la empresa, no sólo los accionistas, puedan tener control sobre la corporación. Naturalmente, no ganaron el juicio, pero es una idea perfectamente factible. Podría ser una forma de mantener vivas a las comunidades y también conservar aquí a las industrias.

Jay: Entonces, si miras el sistema financiero actual y tomas este principio, la representación de los intereses de todos los afectados por la empresa y no sólo los de los accionistas, ¿cómo se materializaría, en términos de políticas?

Chomsky: Primero, y para comenzar, implicaría que el gobierno no sólo rescatase financieramente a los bancos vertiendo capital en ellos, sino que ejerciese el control. Y el control comienza con la inspección. Y averiguaríamos lo que están haciendo. Luego, podrían conservarse las partes viables, y si son viables, deberíamos ponerlas bajo control público. Probablemente el gobierno podría haber comprado AIG o Citigroup por bastante menos de lo que está pagando ahora por ellos. Me refiero a que en una sociedad democrática, el gobierno y la comunidad estarían en mutuo acuerdo, y entonces tendría que haber una compenetración directa de la comunidad en lo que esas instituciones deberían hacer y con la manera en que ellas deberían distribuir su dinero, entre otras cuestiones. Es decir, que podrían conducirse democráticamente por los trabajadores, por la comunidad.

Jay: Pero entonces, aunque se utilice o no la palabra ‘nacionalización’, ¿el banco se convierte entonces en una institución de propiedad pública?

Chomsky: Se convierten en instituciones de propiedad pública que sirven a la comunidad y donde las decisiones son tomadas por la comunidad. Es un largo camino. Hay que aproximarse paso a paso. Cuando se piensa en nacionalización, al menos en términos generales y por razones históricas, se alude a una especie de Gran Hermano haciéndose con el poder, y la población acatando órdenes. Pero esa no es necesariamente la forma en que se ha hecho. Hay muchas instituciones nacionalizadas que se han desempeñado eficientemente. Por ejemplo, en Chile, que se supone que fue el alumno fiel de la economía de libre mercado reaganiana/thatcheriana. En ese país, una buena parte de la economía está basada en una empresa productora de cobre, nacionalizada y muy eficiente. Codelco, tal es el nombre de la compañía, fue nacionalizada por Allende, pero su desempeño fue tan efectivo que durante los años de Pinochet no se desmanteló. En realidad, actualmente está siendo debilitada, pero sigue siendo la mayor productora de cobre del mundo y la principal fuente de renta del Estado. Y por todos lados pueden encontrarse casos de empresas nacionalizadas que se han desempeñado exitosamente. Pero la nacionalización es sólo un paso hacia la democratización. El asunto es quién las administra, quién toma las decisiones, quién las controla. Ahora, en el caso de las instituciones nacionalizadas, siguen siendo jerárquicas, pero no tienen por qué serlo siempre. Quiero decir, nuevamente, que no existe ninguna especie de ley natural por la cual estas instituciones no puedan ser democráticamente conducidas.

Jay: ¿Y cómo sería?

Chomsky: La participación mediante consejos de trabajadores, reuniones y discusiones de organizaciones comunitarias, en las cuales se deciden las políticas a seguir –que es como se supone que la democracia debería funcionar-. Estamos muy lejos de eso, aun en el sistema político. Por ejemplo, las primarias. De la manera en la que funciona nuestro sistema, los candidatos se postulan, sus jefes de campaña van a algún pueblo de New Hampshire y organizan un acto adonde acude el candidato y dice: “Miren lo bueno que soy. Voten por mí.” Y la gente puede creerle, o no, y luego se va a casa. Supongamos que tenemos un sistema democrático que funciona de la otra manera. La gente en el pueblo de New Hampshire se reuniría en conferencias, encuentros, etc., y trabajarían en las políticas que les gustaría ver concretadas. Y luego, si alguien quisiera postularse a alguna candidatura, podría ir, si quieren ellos podrían invitarlo, y él los escucharía. Le dirían cuáles son las políticas que les gustaría que se aplicasen, y que si él lo hace, ellos le permitirían representarlos, pero que le retirarían el apoyo si no cumple.

Jay: Como dices, esto está bastante alejado de lo que hoy es la política.

Chomsky: No está tan lejos. Suele darse.

Jay: Pero en una instancia nacional…

Chomsky: En el contexto nacional está muy lejos. Pero permíteme tomar como ejemplo el que probablemente sea el país más democrático del hemisferio occidental, aunque la gente no quiera pensarlo así: Bolivia. Es el país más pobre del hemisferio. Es el más pobre de Sudamérica. Tuvo elecciones en los últimos dos años, en las que la gran mayoría de la población, que fue la más reprimida del hemisferio, la población indígena, entró por primera vez en 500 años en la arena política, determinó las políticas que quiso, y eligió un líder de sus propias filas, un campesino pobre. Y los aspectos a modificar fueron muy serios –su control sobre los recursos, la justicia económica, los derechos culturales, las complejidades de una muy diversa sociedad multiétnica-. Las políticas proceden en gran medida de la comunidad, y se supone que el presidente las concreta. Es cierto que nada funciona tan perfectamente, se presentan problemas de todo tipo, pero existe una forma de programa básico. Esto es democracia en funcionamiento. Es casi lo opuesto a la forma en que opera nuestro sistema.

Jay: En el próximo segmento de nuestra entrevista, hablaremos del futuro de la democracia, o como la llamemos en Estados Unidos. Por favor, acompáñenos en el próximo segmento de nuestra entrevista al profesor Noam Chomsky.

Parte 2

Jay: Bienvenidos nuevamente a The Real News. Estamos en el MIT, en Cambridge, con el profesor Noam Chomsky. Gracias por seguir con nosotros. En el primer segmento de nuestra entrevista hablamos sobre cómo debería ser un plan económico que Chomsky apoyaría, el cual tendría que contemplar no sólo a los consumidores sino a los todos los actores implicados y lo que esto podría significar en cuanto a la relación entre la banca y la democracia. Y ya que entramos en el tema de la democracia, ¿qué crees que irá a suceder? Me refiero a los planes actuales para el sector financiero, para el sector automotor, el plan general de estímulos. ¿Crees que funcionará? Y si no, ¿hacia dónde nos dirigimos en términos de intensidad de la crisis? Y ¿qué significa esto en relación con la democracia norteamericana?

Noam Chomsky: No creo que nadie esté en condiciones de saber si esto irá a funcionar. Es algo así como disparar en medio de la oscuridad. En general, -y no tengo ninguna mirada particular sobre el problema- creo que no será como la Gran Depresión, pero pueden venir años difíciles y un montón de parches si se persiste en las políticas en curso. Ahora, el punto crucial de las políticas actuales es mantener estable la estructura institucional: la misma estructura de autoridad, dominación y toma vertical de decisiones. En este esquema, la ciudadanía tiene un rol posible: consumidores. Puedes venderte a este esquema –es lo que se llama buscar un empleo-.

Jay: Y poner dinero para el rescate.

Chomsky: Sí, y puedes colaborar con dinero para el rescate económico, pero no te convertirás por eso en parte del aparato de toma de decisiones. Existe también otra certeza: se dará alguna forma de regulación. Quiero decir, la manía desregulatoria de los últimos 30 años, basada en conceptos fundamentalistas, casi religiosos, sobre la eficiencia de los mercados, se ha deteriorado bastante, y de forma rápida. Por ejemplo, Lawrence Summers, quien es ahora el jefe –prácticamente el jefe de los consejeros económicos- ha tenido que reconstruir un sistema de regulación del tipo del que destruyó unos años atrás. Estuvo a la cabeza de las iniciativas para bloquear los intentos del Congreso por regular los derivados y demás instrumentos financieros exóticos, bajo la influencia de estas cuestionadas ideas sobre mercados eficientes, elección racional, etc. Esto está bastante deteriorado, y habrá algún tipo de reconstrucción del aparato regulatorio. Pero su historia es bastante clara y comprensible: los sistemas regulatorios tienden a quedar absorbidos por las industrias que han de regular. Esto fue lo que sucedió con los ferrocarriles, entre otros ejemplos. Y es natural. Ellos tienen poder, poder concentrado, capital concentrado, y una influencia política enorme –prácticamente conducen el gobierno-. Por eso, ellos siempre terminan haciéndose con el control del aparato regulatorio en su propio interés. Por ejemplo, durante lo que muchos economistas llaman la “era dorada del capitalismo”, que abarcó desde la segunda posguerra hasta mediados de la década de 1970, no hubo grandes crisis. El sistema estuvo regulado, se regularon el flujo de capitales, los tipos de cambio, etc., y condujo al mayor crecimiento en épocas de paz de la historia. Esto cambió a mediados de los 70, cuando la economía se fue desregulando y financiarizando, se incrementó el flujo de capital financiero especulativo y resurgieron las mitologías sobre la eficiencia de los mercados. Y hubo crecimiento, por supuesto, pero se concentró en muy pocos bolsillos, y durante 30 años se estancaron los salarios reales de la mayoría de la población.

Jay: ¿Y cómo cambia todo esto?

Chomsky: Hay un pequeño aspecto redistributivo en la política impositiva, muy pequeño. Quiero decir, es llamado socialismo, comunismo y cosas del estilo, pero difícilmente sea lo que fue años atrás. Por otro lado, la mejor manera de acercarse a un sistema más igualitario sería, simplemente, permitir la sindicalización. Los sindicatos tradicionalmente no sólo han mejorado la vida, las condiciones laborales y los salarios de los trabajadores, sino que han ayudado también a democratizar la sociedad. Son uno de los pocos medios por los cuales la gente común puede unirse y debatir, e incidir sobre las políticas públicas. Ahora no es eso lo que se busca. De hecho, y esto es lo interesante, es como si la sindicalización estuviera fuera de nuestras mentes. Hubo un dramático ejemplo de ello hace un par de semanas. El presidente Obama quiso mostrar su solidaridad con los trabajadores, por lo que fue a Illinois y habló en una planta industrial. La elección de la planta fue llamativa: escogió a Caterpillar. La eligió a pesar de las objeciones de la iglesia y grupos defensores de los derechos humanos sobre los efectos devastadores de las máquinas de Caterpillar en los territorios ocupados por Israel, que destruyen tierras de cultivo, caminos y pueblos. Pero nadie, hasta donde yo sé, ha considerado algo mucho más terrible, y es el papel que ha jugado esta empresa en la historia sindical estadounidense. Caterpillar fue la primera planta en generaciones en utilizar esquiroles para destruir una huelga. Esto fue, creo, en 1988, una parte del ataque de Reagan sobre el trabajo, pero esta fue la primera instalación industrial en hacerlo. Ahora eso es un hecho importante, enorme. En ese momento Estados Unidos estaba sólo -de la mano de Sudáfrica-, permitiendo algo así. Y esto esencialmente destruye el derecho de asociación de la población trabajadora.

Jay: La Ley sobre la Libre Elección del Trabajador (Employee Free Choice Act), que se supuso que facilitaría la sindicalización, no hemos oído mucho de ella desde la elección.

Chomsky: No se ha escuchado mucho al respecto. Y tampoco cuando Obama visitó la planta, que es el símbolo de la destrucción del trabajo por medio de prácticas desleales, porque la sindicalización ha sido extirpada de la mente de las personas. La Employee Free Choice Act siempre ha sido tergiversada. Se ha descrito como un intento de evitar elecciones secretas. No es eso. Es para permitir que los trabajadores decidan si debería haber elecciones secretas en vez de dejar las decisiones enteramente en las manos de los empleadores, que pueden usar las listas de afiliación sindical [check cards] si quieren [inaudible]… pueden elegirla, pero los trabajadores también pueden. Durante la campaña, Obama habló sobre esto, pero paulatinamente fue pasando a un segundo plano. Y hubiese significado un salto mucho más alto para superar la radical redistribución hacia los más ricos -que tuvo lugar en los últimos 30 años- facilitar los esfuerzos de gremialización. Y todos y cada uno de los presidentes desde Reagan han atacado este derecho. Reagan directamente les dijo a los empleadores: “No vamos a aplicar la ley”. Por lo que se triplicaron los despidos -despidos legales- por organizarse sindicalmente. Cuando llegó Clinton esto se consiguió básicamente a través de un dispositivo diferente –que se llamó NAFTA [Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica, en inglés; N. de la T.]. El NAFTA dotó a los empleadores de medio muy eficaces para evitar la organización de los trabajadores: sólo pusieron un gran letrero diciendo: “Operación de transferencia a México”. “Es ilegal, pero si el gobierno es un gobierno fuera de la ley, es posible salirte con la tuya”. Y durante los años de Bush, no es necesario hablar de ello. Pero es posible revertirlo, y este podría ser no solo un paso importante en el camino hacia la reversión de la tendencia regresiva de redistribución de la renta, sino en el de la democratización de la sociedad mediante la generación de mecanismos por los cuales la gente pueda actuar políticamente en su propio interés. Pero esto permanece tan al margen que apenas se discute. Y cuestiones como el control de las instituciones por todos los actores interesados, los trabajadores en la comunidad, no están en las preocupaciones prioritarias de la gente. Están dejándose de lado. De todos modos, si retrocedes hasta la década de 1930, que es la más cercana -aunque no fue igual-, surgieron algunos temas similares. Lo que en realidad metió miedo en el centro del mundo de los negocios fueron las huelgas de brazos caídos [: sit down strike, tipo de paro, sin actividad laboral, pero en el lugar de trabajo; N. de la T.]. Las huelgas de brazos caídos suceden justo cinco segundos antes de que aparezca la siguiente idea: “¿por qué sentarnos aquí? ¿por qué mejor no hacemos funcionar la fábrica? Podemos hacerlo, razonablemente mejor que estos administradores, porque nosotros conocemos como funciona”. Ahora bien, esto asusta. Y está empezando a pasar. Justo un mes atrás hubo una huelga de brazos caídos en una planta de Chicago, creo que se llamaba Pisos y Ventanas de la República. La multinacional propietaria de esta fábrica quiso cerrarla o trasladarla a otro lugar. Y los trabajadores protestaron, y se manifestaron, pero finalmente hicieron una huelga de brazos caídos. Tuvieron éxito a medias. Muchos de ellos perdieron su empleo. Otra empresa compró la planta, pero no se produjo el paso siguiente. El paso siguiente era, “¿por qué no nos encargamos nosotros de hacer funcionar la fábrica, conjuntamente con la parte de la comunidad que está directamente interesada, y tal vez incluso el resto de la comunidad? Estos son los asuntos que realmente deberían ser debatidos.

Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.

Traducción para www.sinpermiso.info: Camila Vollenweider